Nuevos paradigmas de circulación y la prevención como lenguaje

Por Dr. Diego A. Giuliano
Subdirector Ejecutivo de CNRT
Hoy transitamos una realidad dinámica, que
nos atraviesa con situaciones que nunca imaginamos vivir y de la cual
aprendemos constantemente.
Nuestro presente es distinto y nos pone
frente a desafíos sociales, económicos, sanitarios e institucionales diferentes
a los que teníamos hace 6 meses atrás. Vivimos una nueva normalidad, con
hábitos distintos a los que nos caracterizan como personas y como sociedad. La
pandemia universal del Covid 19 y su impacto en el mundo del transporte
significan un punto de inflexión: nos acercan nos une, nos marca la conciencia
y la necesidad de reinventarnos en muchos aspectos.
En el invierno del hemisferio norte del
año 2020, un virus potente parece acomodarnos en nuestra finitud y en nuestra
vulnerabilidad colectiva. El concepto de pandemia como propagación mundial de
una enfermedad respecto de la cual la mayoría de las personas no tiene
inmunidad, parecía muy lejano y hasta sonaba a rémora medieval para buena parte
del mundo. Ya no lo es.
En este sentido, la circulación se
resignifica. Transitar por un determinado espacio hoy tiene una regla
primordial: la prevención, con el único objetivo de una mayor seguridad para
reconstruir el transporte y la comunicación humana.
Esta resignificación forma parte de un
escenario donde las condiciones de seguridad sanitaria y el respeto al otro que
circula, son primordiales. Transitamos y todos somos parte. El aporte de
cada uno genera un cambio positivo y reconstruye nuestra civilización. .
Esperar al semáforo para cruzar la calle si soy peatón, hacerlo por la esquina,
que me den paso al cruzar, no beber alcohol si voy a conducir, respetar las
velocidades y las normas de tránsito, hacer un reclamo si notamos alguna
irregularidad en un servicio de transporte público, son todas acciones y
aportes que hacen a la prevención vial.
Desde la Comisión Nacional de Regulación
del Transporte (CNRT), promovemos y enfatizamos políticas que buscan, antes que
nada, la seguridad y el bienestar de los y las ciudadanas. Hemos trabajado en
conjunto, a lo largo y ancho del país, con distintos gobiernos provinciales y
municipales, sectores y organizaciones no gubernamentales para llevar a cabo medidas
que disminuyan la propagación del coronavirus. Es así, que establecimos, y
fuimos modificando de acuerdo al avance del virus, diversos protocolos para
cada tipo de transporte y los espacios donde circulan.
Uno de ellos, es el protocolo adoptado
para los talleres de Revisión Técnica Obligatoria de los vehículos de nuestra
jurisdicción, requisito fundamental y eje central en la seguridad vial como una
herramienta para prevenir siniestros viales. Además, en cada sector extremamos
las medidas de protección para quienes trabajan en el transporte público y para
aquellos pasajeros que por ser trabajadores esenciales o por razones
humanitarias, deben utilizarlo.
Establecimos, con el aval del Ministerio
de Transporte, que los conductores estén aislados y tengan una distancia social
marcada con los pasajeros. Profundizamos los controles en las medidas de
desinfección e higiene tanto en el transporte automotor y ferroviario de
pasajeros, como en los vehículos de cargas para la seguridad del pasaje y los
conductores. Coordinamos de manera federal la vuelta a casa de los argentinos y
argentinas que están regresando a sus lugares de origen. Estas medidas que
adoptamos, junto a otras, son efectivas si cada uno y cada una, unidos como
sociedad, actuamos pensando en el resto de los ciudadanos.
Debemos seguir manteniendo las
precauciones indicadas por el Ministerio de Salud, respetar el distanciamiento
social, el uso de los elementos de protección y, sobre todas las cosas, pensar
que este momento que atraviesa al mundo y al país, sólo podremos superarlo si
continuamos transitando responsablemente.
La pandemia sigue y no tenemos que
relajarnos. Nuestra responsabilidad es prevenir y cuidar a la gente.
Luego del coronavirus, el “ego” de la
humanidad del siglo XXI no puede decirse que ha quedado intacto. Claro que también es
tiempo de grandes gestos, actitudes solidarias, valientes y humanamente
edificantes. Claro que también hay respuestas políticas admirables: priorizar la salud a
la economía, cuidar la vida antes que el mercado, y anteponer el valor de lo
humano sobre cualquier clase de especulación, como ha sucedido en Argentina
fuera de toda grieta e incluso entre los que están en las antípodas, son
actitudes inusuales, ejemplares, refrescantes.
Estamos frente a un virus que, en el medio
de una expansión colectiva alucinante en casi todos los campos, se transforma
en la oportunidad de reconocernos en nuestros límites y en nuestros fallos,
pero también en la oportunidad de transformar el “ego” de nuestra civilización
en una esperanza igualitaria.