Lunes, 22 de Junio del 2020

Nuevos paradigmas de circulación y la prevención como lenguaje



Por Dr. Diego A. Giuliano

Subdirector Ejecutivo de CNRT


Hoy transitamos una realidad dinámica, que nos atraviesa con situaciones que nunca imaginamos vivir y de la cual aprendemos constantemente.


Nuestro presente es distinto y nos pone frente a desafíos sociales, económicos, sanitarios e institucionales diferentes a los que teníamos hace 6 meses atrás. Vivimos una nueva normalidad, con hábitos distintos a los que nos caracterizan como personas y como sociedad. La pandemia universal del Covid 19 y su impacto en el mundo del transporte significan un punto de inflexión: nos acercan nos une, nos marca la conciencia y la necesidad de reinventarnos en muchos aspectos.

 

En el invierno del hemisferio norte del año 2020, un virus potente parece acomodarnos en nuestra finitud y en nuestra vulnerabilidad colectiva. El concepto de pandemia como propagación mundial de una enfermedad respecto de la cual la mayoría de las personas no tiene inmunidad, parecía muy lejano y hasta sonaba a rémora medieval para buena parte del mundo. Ya no lo es.

 

En este sentido, la circulación se resignifica. Transitar por un determinado espacio hoy tiene una regla primordial: la prevención, con el único objetivo de una mayor seguridad para reconstruir el transporte y la comunicación humana.

 

Esta resignificación forma parte de un escenario donde las condiciones de seguridad sanitaria y el respeto al otro que circula,  son primordiales. Transitamos y todos somos parte. El aporte de cada uno genera un cambio positivo y reconstruye nuestra civilización. . Esperar al semáforo para cruzar la calle si soy peatón, hacerlo por la esquina, que me den paso al cruzar, no beber alcohol si voy a conducir, respetar las velocidades y las normas de tránsito, hacer un reclamo si notamos alguna irregularidad en un servicio de transporte público, son todas acciones y aportes que hacen a la prevención vial. 

 

Desde la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT), promovemos y enfatizamos políticas que buscan, antes que nada, la seguridad y el bienestar de los y las ciudadanas. Hemos trabajado en conjunto, a lo largo y ancho del país, con distintos gobiernos provinciales y municipales, sectores y organizaciones no gubernamentales para llevar a cabo medidas que disminuyan la propagación del coronavirus. Es así, que establecimos, y fuimos modificando de acuerdo al avance del virus, diversos protocolos para cada tipo de transporte y los espacios donde circulan. 

 

Uno de ellos, es el protocolo adoptado para los talleres de Revisión Técnica Obligatoria de los vehículos de nuestra jurisdicción, requisito fundamental y eje central en la seguridad vial como una herramienta para prevenir siniestros viales. Además, en cada sector extremamos las medidas de protección para quienes trabajan en el transporte público y para aquellos pasajeros que por ser trabajadores esenciales o por razones humanitarias, deben utilizarlo.  

 

Establecimos, con el aval del Ministerio de Transporte, que los conductores estén aislados y tengan una distancia social marcada con los pasajeros. Profundizamos los controles en las medidas de desinfección e higiene tanto en el transporte automotor y ferroviario de pasajeros, como en los vehículos de cargas para la seguridad del pasaje y los conductores. Coordinamos de manera federal la vuelta a casa de los argentinos y argentinas que están regresando a sus lugares de origen. Estas medidas que adoptamos, junto a otras, son efectivas si cada uno y cada una, unidos como sociedad, actuamos pensando en el resto de los ciudadanos. 

 

Debemos seguir manteniendo las precauciones indicadas por el Ministerio de Salud, respetar el distanciamiento social, el uso de los elementos de protección y, sobre todas las cosas, pensar que este momento que atraviesa al mundo y al país, sólo podremos superarlo si continuamos transitando responsablemente. 

 

La pandemia sigue y no tenemos que relajarnos. Nuestra responsabilidad es prevenir y cuidar a la gente.

 

Luego del coronavirus, el “ego” de la humanidad del siglo XXI no puede decirse que ha quedado intacto. Claro que también es tiempo de grandes gestos, actitudes solidarias, valientes y humanamente edificantes. Claro que también hay respuestas políticas admirables: priorizar la salud a la economía, cuidar la vida antes que el mercado, y anteponer el valor de lo humano sobre cualquier clase de especulación, como ha sucedido en Argentina fuera de toda grieta e incluso entre los que están en las antípodas, son actitudes inusuales, ejemplares, refrescantes.

 

Estamos frente a un virus que, en el medio de una expansión colectiva alucinante en casi todos los campos, se transforma en la oportunidad de reconocernos en nuestros límites y en nuestros fallos, pero también en la oportunidad de transformar el “ego” de nuestra civilización en una esperanza igualitaria.